El abedular de Somosierra existe gracias a la contaminación de Madrid

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Lógica de pseudo-ciencia especulativa

El abedular está salpicado de abundantes robles, entre ellos Quercus robur, acebos y demás representantes forestales de bosques atlánticos húmedos. El bosquete conserva admirablemente la humedad en un otoño en el que por ahora sólo ha habido un día de lluvia en la región.

Hepática abedular Somosierra

Seta sobre abedul en Somosierra

El abedul depende más de la humedad atmosférica que de la edáfica. Los vientos cálidos del Suroeste que avanzan sobre la metrópolis madrileña se cargan de las partículas en suspensión en el aire de la ciudad. Algunos sólidos y gases contaminantes son higroscópicos. Cuando los vientos alcanzan la sierra, la ascensión de las masas de aire enfrían los gases y las partículas agregadas cargadas de moléculas de agua se condensan. La alta humedad relativa del aire es suficiente para que los abedules properen en mayor número que cuando Madrid era una urbe pre-industrial sin apenas coches de motor de combustión.

Todo mentira

Por muy plausible que parezca el razonamiento anterior, es todo inventado, sin base real ni evidencia empírica. El título de este post es una gamberrada. De hecho, me la inventé visitando el abedular de Somosierra. Pero qué divertido sería que uno de los símbolos de la naturaleza impoluta de la región de Madrid fuera el resultado de la actividad contaminante de la urbe.

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